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Quién soy cuando nadie me mira

Crónicas de Éire. capitulo IV

Crónicas de Éire.  capitulo IV

No sé porqué, hoy se me ha ocurrido pedir el típico desayuno irlandés, a saber…huevo frito, salchichas, bacón y el consabido pan de soda con mantequilla, aderezado con zumo de naranja. A la que llevo un centenar de baches y otras tantas curvas de esta maldita carretera, me mareo y tenemos que parar, ventaja…ahora viajo en primera, detrás del conductor. Desde aquí tengo una vista increíble del parque nacional de Connemara, es el paisaje más conocido por todo el mundo, gracias a las películas, suaves lomas de un verde claro, interminable, hasta donde abarca la vista, un buen contraste para este cielo.

Llegamos a Rossaveal para tomar el barco hacia  la isla de Inishmor, la más grande de las Islas de Aran, donde aun se habla gaélico.Subimos desde el puerto en pequeños autobuses, también hay tartanas con caballos para la subida, no os riáis…me gustan las tartanas, ojalá pudiera montar en una como cualquier consabido turista y sentir el aire del mar mientras trotamos colina arriba (creo que las pastillas  me ponen un poco tonta). A media subida hay que dejar el transporte y seguir a pie, el camino para subir al fuerte y a los acantilados es pedregoso y empinado, solo llego a la mitad, mierda!! los abuelos pueden y yo no, Marian que sube la última se da cuenta y tengo que confesar, enseguida se pone en contacto con la agencia y arreglan que por la noche me vea un medico (evidentemente me llevo una buena bronca por no habérselo dicho antes), madraza y controladora esta guía nuestra.

La vuelta es larga y aburrida, tan aburrida que me dedico a fotografiar los pelos revueltos de Michael, el conductor, hasta que se empieza a poner el sol y los mares se doran, espejean y pasan al color bronce bruñido…un espectáculo. Después de la cena tomamos un taxi para ir a la visita medica, ya he dicho que aquí los conductores tienen un cohete en el culo no? pues esta taxista lo lleva doble, además de conducir con una sola mano (la otra va apoyada relajadamente en el reposabrazos) aun tienen tiempo para ir levantando los dedos para saludarse de coche a coche.

Curioso lugar, en la sala de espera (un viejo comedor de una casa) hay montado un altar, con velas y flores, al rato pasamos a la consulta, otra vieja habitación dónde un hombre mayor y alto me sienta en una silla, hace un par de preguntas y toca mi pie con cuidado y delicadeza. Conclusión: puede estar roto, papel y mañana a un hospital para una radigrafia.  

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